EL SUFRIMIENTO DEL INVESTIGADO

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28 Nov EL SUFRIMIENTO DEL INVESTIGADO

Seguramente nunca conoceremos, con seguridad, hasta
qué punto fue determinante en el fallecimiento de la
senadora Rita Barberá su situación procesal, pero, desde
luego, no es en modo alguno descartable que la angustia o
preocupación por estar sometida a una investigación penal
y afrontar el trance de una declaración ante un magistrado,
haya tenido un efecto desencadenante de su crisis
cardíaca.

Si bien la última reforma de la Ley de Enjuiciamiento
Criminal pretendió eliminar el término imputado, con el
que se aludía a la persona sobre la que tan sólo recaen
meras sospechas, pero respecto de la cual no existen,
momentáneamente, suficientes indicios para que se le
atribuya formalmente la comisión de un hecho punible,
sustituyéndolo por el término investigado, lo cierto es que,
en la práctica, no se ha disminuido, en absoluto, el efecto
estigmatizante que a nivel jurídico, social, mediático y,
sobre todo, político, tiene el adquirir dicha condición
procesal.

Por más que el proceso español sea claramente garantista
con los derechos de los investigados y acusados, en la
práctica, la publicidad de los procesos de interés
mediático, las lamentablemente habituales filtraciones de
las actuaciones y la falta de interés de los medios, en
muchas ocasiones, por las tesis exculpatorias, dado su
escaso interés periodístico, determina que el daño
reputacional para el investigado sea inevitable y, casi
siempre, irreparable.

En mi carrera profesional he asistido a muchísimos
investigados y acusados y, si bien en algunos casos
aislados aparentemente se soportaba la situación con
tranquilidad –aunque seguramente la procesión iba por
dentro- en la mayoría de los supuestos, el peso de la
investigación penal genera un tremendo desasosiego que
se traslada a todos los ámbitos vitales de la persona:
família, trabajo, salud, etc.

El abogado debe, a menudo, actuar más de psicólogo, que
como jurista, advirtiendo de la longevidad de los procesos
en los tribunales españoles y de la necesidad de un
blindaje emocional. No es fácil y, desgraciadamente, he
presenciado, directamente, como algunos fueron incapaces
de aguantar una situación que percibían como injusta e
insostenible.

Por todo ello, independientemente de la opinión que nos
merezca la investigación concreta de Rita Barberá y el
contexto en que se produce, lo sucedido debería llevar a la
reflexión. No son pocos los casos en que se han producido
linchamientos públicos de personas en fases iniciales de
investigación que han culminado, a la postre, en
resoluciones de archivo o sentencias absolutorias. Sin
embargo, el daño producido era ya de muy difícil
reparación o, como en el caso de Rita Barberá,
definitivamente irreparable.

Rafael Entrena
Abogado
Profesor del Master de Abogacía de la Universidad
Pompeu Fabra

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